Te invitamos a hacer un recorrido fotográfico por los distintos paisajes del valle del Torío (León), teniendo en cuenta que el concepto de paisaje que empleamos engloba tanto los aspectos puramente naturales como los humanos; de este modo se ha llegado en muchos casos a una especie de simbiosis naturaleza-cultura, un equilibrio delicado entre la geología (como base de todo el conjunto), la biología (plantas y animales) y la intervención humana. Esta última es más determinante de lo que cabría pensar al observar cualquier rincón de nuestra ribera, pues las actividades seculares agrícolas y ganaderas son en gran parte responsables de las formas que hoy vemos en el paisaje. Asimismo el establecimiento de núcleos de población a todo lo largo del valle, en los que se ha desarrollado durante mucho tiempo una interesante arquitectura popular, que contribuye con sus diseños y sus materiales constructivos a esa simbiosis, a esa integración de lo humano en lo natural, y viceversa.

Desde luego este equilibrio del que hablamos va tendiendo a romperse en los últimos años, y en el Torío empiezan a surgir problemas típicos del actual modelo de desarrollo: contaminación (acústica, del aire, del agua), urbanismo destructor, abandono de los modelos tradicionales de explotación del campo, deterioro y sustitución de la arquitectura popular por construcciones más agresivas que rompen el paisaje...
Todos estos aspectos los iremos tratando en diferentes secciones que enriquecerán, poco a poco, este blog. Para lo cual está abierta la participación a todo el mundo que quiera hacer comentarios, enviar fotos, escribir artículos, etc.
Aprovechando esta estación, vamos a recorrer las distintas zonas del valle para ver los paisajes que caracteriza a cada una de ellas.
Partiendo de la zona más baja, en primer lugar nos encontramos con el río Torío, el responsable del actual relieve del valle. Llaman la atención los bosques de ribera que flanquean sus orillas, compuestos por sauces, chopos, fresnos... Su salud ambiental es buena, a pesar de que muchos pueblos aún carecen de depuradoras para las aguas residuales.


Alrededor del río hay un gran mosaico de prados, separados por sebes, todos ellos de regadío gracias a una red de presas y regueros que data seguramente de época medieval. Esta zona se ha visto amenazada durante años por un plan de concentración parcelaria, pero por fortuna ha sido recientemente desechado.


Aquí abundan sobre todo los esbeltos chopos:

En las sebes, además, nacen multitud de especies de árboles y arbustos, como el cornejo:

Y se intercalan pequeñas huertas y árboles frutales, como este cerezo:

Poco a poco caminamos y nos vamos alejando de la frondosidad que acompaña al río...

...para entrar en una zona intermedia, que acabará dando paso al monte, ocupada sobre todo por cultivos de secano.


Estos cultivos son: trigo, centeno, cebada, y antiguamente también garbanzos, lentejas, titos, etc.

Al ir ganando altura las vistas se van haciendo más amplias:


Hasta que al fin llegamos al monte, desde donde podemos divisar toda la ribera


Aquí predomina sobre las demás especies el roble (quercus pyrenaica):

aunque también encontramos algún espino albar de vez en cuando

Y en mitad de todo ésto la presencia humana: los pueblos, que se remontan a muchos siglos atrás y constituyen también una parte fundamental de este paisaje, enriqueciéndolo con su arquitectura de piedra y de barro.


El valle del Torío está dentro del ámbito de la casa de ribera leonesa, funcionando como una zona de transición entre la arquitectura de la montaña, situada hacia el norte, y la de las tierras llanas que se abren al sur. La primera es el reflejo de una economía más volcada hacia la ganadería y con un clima más frío; el resultado es una casa de dimensiones reducidas, más abierta al exterior (especialmente mediante algún corredor que da a la calle), y el material que domina en su construcción es la piedra.





Según se avanza hacia el sur la arquitectura cambia gradualmente. Las casas se van haciendo más grandes, el corral, situado en la parte trasera, adquiere un mayor desarrollo, y la piedra se va mezclando al acercarse a la llanura con el barro: tapial y adobe. En caso de existir corredor o solana de madera, ya no da a la calle, sino al corral, puesto que este otro tipo de casa se hace más hermética al exterior, pasando a organizarse en torno a su patio trasero





Todavía se pueden ver en algunos de estos edificios de barro entramados de madera bastante simples, que en esta zona se suelen corresponder con soluciones constructivas arcaicas.


El material fundamental de cubrición en todo el valle es la teja árabe:

Como una reliquia que valdría la pena conservar, quedan aún sobre algunas tapias las antiguas albardas: protecciones vegetales hechas con urces y tapines de hierba, que funcionan como remate o tejadillo del muro.


En otro tiempo fueron asimismo más abundantes los palomares; hoy sólo quedan dos en toda la ribera, eso sí, bien conservados y de una especial belleza. Los dos son similares, construidos en piedra, de planta circular y tejado cónico. Nos ha llegado el testimonio de que alguno de los que desaparecieron era de adobe.

Otros detalles constructivos destacables pueden ser las chimeneas. Las más antiguas que se conservan son normalmente de ladrillo:


También llaman la atención los típicos recercos encalados en las ventanas, presentes en la arquitectura popular de muchas regiones españolas:
